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Testimonios | UNA INDIGENTE ES SALVA |
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| sábado, 03 de mayo de 2008 | |
Fui a servir predicando en una congregación, que se había dividido y desintegrado totalmente. El lugar se llenó y la gente no cabía, inicié un sábado para terminar el domingo en la mañana y pensaba; hoy es domingo, todos están cada uno en su iglesia, habrá poca asistencia y ¡Oh sorpresa! Lleno total. Muchas personas no pudieron entrar y se quedaron en la puerta y como si no fuera suficiente, quienes pasaban se quedaban escuchando el mensaje. Entre todos éstos, se acercó una mujer de la calle “Una loca” sucia, mal oliente, con sus ropas rotas, con sus rasgos irreconocibles. Se quedó parada escuchándome y allí empezó a llorar; el Espíritu de Dios vino a mí y me dijo: “Hazla seguir” En ése momento los asistentes a la iglesia estaba siendo ministrada y estaban con los ojos cerrados. Ella entró llorando, la abracé y le dije al pueblo de Dios: Extiendan sus manos hacia delante y bendigan a esta mujer. Cuando la vieron, la gloria de Dios descendió y fuimos quebrantados bajo Su presencia. Ella fue salva ese día estuvo en todo el servicio sentada en el púlpito, lúcida, tranquila. Cuando el Señor está sobre nosotros Su misericordia y compasión por los caídos y Sus frutos se manifiestan sobrenaturalmente ¡Gloria a Dios!¡Espíritu Santo, que Tu favor esté con todos nosotros!
Evi Perea Escritora-Autora Conferencista Pastora ¡Visítame! www.librosevi.com www.porfinlibre.net |



Fui a servir predicando en una congregación, que se había dividido y desintegrado totalmente. El lugar se llenó y la gente no cabía, inicié un sábado para terminar el domingo en la mañana y pensaba; hoy es domingo, todos están cada uno en su iglesia, habrá poca asistencia y ¡Oh sorpresa! Lleno total. Muchas personas no pudieron entrar y se quedaron en la puerta y como si no fuera suficiente, quienes pasaban se quedaban escuchando el mensaje. Entre todos éstos, se acercó una mujer de la calle “Una loca” sucia, mal oliente, con sus ropas rotas, con sus rasgos irreconocibles. Se quedó parada escuchándome y allí empezó a llorar; el Espíritu de Dios vino a mí y me dijo: “Hazla seguir” En ése momento los asistentes a la iglesia estaba siendo ministrada y estaban con los ojos cerrados. Ella entró llorando, la abracé y le dije al pueblo de Dios: Extiendan sus manos hacia delante y bendigan a esta mujer. Cuando la vieron, la gloria de Dios descendió y fuimos quebrantados bajo Su presencia. Ella fue salva ese día estuvo en todo el servicio sentada en el púlpito, lúcida, tranquila. Cuando el Señor está sobre nosotros Su misericordia y compasión por los caídos y Sus frutos se manifiestan sobrenaturalmente ¡Gloria a Dios!