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sábado, 03 de mayo de 2008 |
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Un día llegó mi hijo a visitarme y lo vi como preocupado.Él trabajaba para el Señor en los buses contando sutestimonio, de cómo el Señor lo había sanado y libertado de las drogas. Dice que una vez se bajó de uno de ellos y se sintió mal. Cuando él me habló me sorprendí grandemente y mi corazón de madre lloró en silencio y se entristeció.¿Hijito qué te sucede? Y me narró lo que le pasaba. Su lengua se había caído. Los músculos del velo del paladar que sostiene la lengua estaban desfallecidos sin fuerza, no podían sostener la lengua.Su lengua no podía articular palabras, se encorvaba y se metía para un lado y hacia atrás. Estaba caída. Él hacía fuerza para hablar lo que lo oprimía grandemente. ¡No podía hablar, no articulaba palabras!. Su angustia fue creciendo. Lo que le dije cuando vi eso fue: Si es espiritual es fácil de sanar. El Señor me ha dado poder y autoridad. ¡No temas, estás sano en el nombre de Cristo!Ore por él e impuse manos. Pero cada día estaba peor. Lo atendieron los mejores especialistas, algunos exámenes los enviaron a USA y todos salieron negativos. En una oportunidad lo acompañe al médico especialista (Neurólogo) y decía: nunca me había llegado un caso como éstos, él no sabía como empezar con eso. Mientras este médico miraba los exámenes el Señor me decía: Yo lo haré, las cosas que son imposibles para el hombre son posibles para Mí. Estuve ministrando en una ocasión y estaba en el altar y el Espíritu Santo me dijo dile a Carlos que venga y pon tu mano y aceite en su paladar, dentro de su boca nada más. Lo hice y el Señor me dijo: ¡Está hecho! Lo creí pero el milagro no venía al mundo natural, el Señor estaba tratando con la fe de mi hijo y del papá. Por ese tiempo me fui en diciembre de 2002 a otra ciudad donde estuve ministrando tremendamente.Una mañana del mes de Enero de 2003 estaba orando hablando con Dios y el Espíritu Santo me dijo muchas cosas y de pronto me dijo: “Pídeme lo que quieras que te haga”. Y yo le pedía más ministerio, más almas, más unción y …y el Señor me dijo: “ Pide algo para ti”. Le dije, Señor que cuando regrese a Bogotá mi la sanidad de mi hijo haya venido al mundo natural. Me respondió: “Te he escuchado lo verás cuando llegues” Le di las gracias y continué normalmente. Cuando regresé a Bogotá, mi hijo vino a saludarme, y nos pusimos a hablar del viaje y de mi nieta y de pronto me di cuenta que estaba normal, como si nunca le hubiese pasado nada. ¡Hijo estás hablando normal. ¡Qué gozo!
¡Aleluya! ¡Te amo! ¡Cómo no amarte Jesús! ¡Satúrame con Tu fuego! ¡A Ti la Gloria y la alabanza!
Evi Perea
Escritora-Autora
Conferencista
Pastora
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