Milagros de Jesús
Milagros
Milagros | LA HIJA DE JAIRO,Y LA MUJER QUE TOCÓ EL MANTO DE JESÚS |
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| domingo, 04 de mayo de 2008 | |
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Lucas 8: 40-55 (Mt 9.18–26; Mc 5.21–43) 40Cuando volvió Jesús, lo recibió la multitud con gozo, pues todos lo esperaban. 41Entonces llegó un hombre llamado Jairo, que era un alto dignatario de la sinagoga; postrándose a los pies de Jesús, le rogaba que entrara en su casa, 42porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo. Y mientras iba, la multitud lo oprimía. 43Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía y por ninguno había podido ser curada, 44se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto. Al instante se detuvo el flujo de su sangre. 45Entonces Jesús dijo: —¿Quién es el que me ha tocado? Todos lo negaban, y dijo Pedro y los que con él estaban: —Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y preguntas: "¿Quién es el que me ha tocado?". 46Pero Jesús dijo: —Alguien me ha tocado, porque yo he sentido que ha salido poder de mí. 47Entonces, cuando la mujer vio que había sido descubierta, vino temblando y, postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa lo había tocado y cómo al instante había sido sanada. 48Él le dijo: —Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz. 49Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del alto dignatario de la sinagoga a decirle: —Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro. 50Oyéndolo Jesús, le respondió: —No temas; cree solamente y será salva. 51Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan y al padre y a la madre de la niña. 52Todos lloraban y hacían lamentación por ella. Pero él dijo: —No lloréis; no está muerta, sino que duerme. 53Y se burlaban de él, porque sabían que estaba muerta. 54Pero él, tomándola de la mano, clamó diciendo: —¡Muchacha, levántate! 55Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diera de comer. 56Sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijeran lo que había sucedido.
Pastora
Evi Perea |


